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Mes del orgullo y Lady Gaga: Un recordatorio del refugio de tant@s

El mes de junio siempre inicia con un arcoiris. Conmemoramos cada año las revueltas de Stonewall que sucedieron el 28 de junio de 1969 en Nueva York, en respuesta al abuso policial de las redadas. Sobre este acontecimiento hay diferentes miradas que se complementan entre sí: que fue una revolución “gay”, que es el inicio del pride (o del orgullo), que no podemos olvidar el protagonismo de la activista Marsha P. Johnson (trans, negra y seropositiva), que sus repercusiones son tan importantes como el hecho de instalar los desfiles del orgullo LGBTIQ+ a nivel mundial…


No tengo ganas de negar o criticar esas perspectivas sobre un hecho histórico concreto. Pero sí creo que hay que matizarlas. Aunque podamos decir, a regañadientes incluso, que efectivamente en las revueltas de Stonewall nació el pride (“where pride began”, decía un lienzo sobre el mítico bar en 2009), la realidad en Chile es bastante diferente a lo que podamos esperar después de 52 años de las protestas en Nueva York. A diferencia de otros paises, no existe actualmente una ley de Educación Sexual Integral, la puesta en marcha de la Ley de Identidad de Género no ha estado exenta de problemas para quienes legítimamente reclaman derechos sobre su propia identidad, y el proyecto de ley de Matrimonio Igualitario permanece dormido desde el 2016, despertando cada cierto tiempo por diferentes bandos políticos quienes lo utilizan como una cortina de humo. Así, quienes formamos parte de la comunidad LGBTIQ+, hemos tenido que construir y trazar nuestras experiencias y biografías en un país que ha sabido y ha insistido en excluirnos históricamente.


Pero a veces pasan cosas buenas. O, más que buenas, inspiradoras. El año 2011, mismo en el que surgió nuevamente el movimiento estudiantil chileno, Lady Gaga publicó uno de sus álbumes más exitosos: Born This Way. Más allá de lo anecdótico, creo firmemente que este disco constituyó una importante experiencia colectiva, en la que una estrella pop estadounidense entregaba un mensaje de aceptación y autovaloración de nuestras propias identidades. Es difícil e ingrato nacer, criarse, formarse, educarse y vivir en un país que te considera ciudadan@ de segunda clase. En el que no existen mayores referentes culturales sobre identidad trans o amor lésbico. Por esa razón, el lanzamiento de Born This Way fue, por decir lo menos, liberador. Por fin tuvimos un espacio en el que una voz femenina, al ritmo del electropop, aseguraba que no estaba mal ser gay, trans, lesbiana, bisexual. Que, incluso, debíamos celebrar la diferencia y convencernos de que debíamos sobrevivir.


Creo que fue la primera vez en mi vida en la que escuché un discurso así de explícito. Porque ni siquiera aquell@s que se decían revolucionarios tocaban estas temáticas en sus asambleas. Nosotr@s, quienes formamos parte de la comunidad LGBTQI+, teníamos que escondernos en esos espacios llenos de personas que creían que la revolución consistía en poner sillas de colegio en las rejas de una institución podrida. Es entonces cuando vuelvo a escuchar, ahora con orgullo, con ese pride que se supone que empezó en Nueva York, la voz de Lady Gaga declarando don’t hide yourself in regret, just love yourself and you’re set. Y las heridas se cierran al compás de ese himno que fue el refugio de tant@s.

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