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Entrevista a Milkyway: "Quiero mostrar a la cola afeminada, a la loca, a la trans"

Hace diez años el epicentro de la acción era la estación de metro Salvador de la ciudad de Santiago. Eran días sábados a las cuatro de la tarde. Aún recuerdo el sonido de las puertas cerrándose detrás de las personas que huíamos de esos vagones asfixiantes. Tampoco olvido las miradas que buscaban incesantemente un lienzo que dijera: “Fansclub oficial de Lady Gaga en Chile”. Sé que un par de veces guardé plata de la colación del colegio para comprar uno de los llaveros o stickers que Salva, en ese momento une adolescente, llevaba a todas las reuniones de fanátic@s. Creo que, por esa razón, las primeras preguntas son un poco intensas:



¿Cómo son tus recuerdos de esa época del fansclub? ¿Cómo ves al Salva de esos tiempos (2011-2012)?


Ay, igual interesante pregunta, porque actualmente y con todas las cosas que he hecho, mucha gente (y no es por agrandarme, sino por lo que me han dicho) me considera ya un ícono LGBT, por estar recreando a aquellas figuras que nadie más hacía. Como la Katiuska Molotov y diversas transformistas que he estado dibujando, cachái, y que han llegado a los ojos de la gente. Entonces como que recién estoy digiriendo todo esto. Cuando a mí me empezó a gustar Gaga, yo aluciné con el traje de ratoncitos, de Paparazzi…



Sí, me acuerdo. Recuerdo tus lentes


Sí, todavía los tengo. La cosa es que, na’ poh, yo empecé haciendo figuras de plasticina y luego de porcelana, porque una amiga me dijo… me salieron horribles las primeras figuras. Yo recuerdo que en esos tiempos casi no había merchandising de todas las artistas que uno quisiera, ¿cachái? O sea, el mismo póster de Gaga tú lo pillábai en todas las ferias. Pero yo siempre dije: “yo quiero tener algo único, algo que sea mío” y siempre tuve en mente las figuras de ratoncitos de Gaga. Fui a Rosas a comprar por segunda vez porcelana en frío y ví una señora que vendía llaveros. Le pregunté dónde vendían las argollas y ahí las fui a comprar. Así tiré la primera tanda de figuras de porcelana, en la que había varias artistas: Lady Gaga, Katy Perry, Rihanna… Pero también quería compartir el amor por esta artista con otras personas. De hecho, busqué por mucho tiempo el fansclub hasta que lo encontré y fui. Llegué tan pollita, me acuerdo. No sé si será mi personalidad o no me di cuenta, pero como que una parte de mí quería destacar. Y no por hacerme el “muy muy”, sino que quería hacerme conocido por lo que yo hago… Entonces fui, me acuerdo de la Barby, de la Bel, tú estábai rubia…



Eeeeellaaaa. Es que era chica, tenía el pelito claro.


poh, muchas cosas recuerdo. A la Roxy, por ejemplo, la conocí con un polerón de Perry… ¡vi por primera vez un beso lésbico! La cosa es que un día pensé: “¿qué pasa si llevo mis llaveros?” y ahí los llevé poh y los empecé a vender. Yo igual era pendeja, entonces ganaba plata y pensaba “me alcanza pa’ unas papas y una bebida”, por ejemplo. Con el tiempo hemos ido haciendo cosas, nunca con un afán de escalar en el mismo fansclub, yo era feliz con que tuvieran mis cosas o aportar con algo. Muchas veces yo no tenía plata para poner una bebida o algo más allá, entonces yo aportaba con premios y mis cositas. Siempre fue más que nada como un hobbie y yo quería vivir de él. Luego vinieron mis trabajos con “El juego de la Botota”, la Javiera Mena…



Siempre ligado con la comunidad LGBTIQ+, ¿no?


poh. De repente la gente me pregunta cómo empecé y yo les digo que hubo años en los que yo no conocí las discoteques. Iba, pero no a carretear. Yo llegaba con los artistas, los veía maquillarse, el detrás de escena… Me di cuenta de que muchas personas que uno enaltece son igual que uno. Y así empecé a escalar, siempre en el ambiente LGBTIQ+, y siempre con mis figuras hablando antes que mí. Porque gracias a las figuras yo llegaba. Yo he ido aprendiendo y todo, pero siempre mi trabajo ha hablado por mí.



¿Y tú sientes que Lady Gaga ocupó y sigue ocupando un lugar especial en tu quehacer creativo?


Totalmente. Yo encuentro que aprendí a verme como se ve Gaga, a expresar tu arte a través de ti. Yo trabajé con las tres eras más importantes de Gaga. Por ejemplo, usaba cosas con puntos haciendo alusión a Gaga en “Partynauseous” y referencia a Yayoi Kusama. La segunda fue mi era más artística, cuando trabajé en “El juego de la Botota”, porque de cierta manera me crucifiqué con el arte por trabajar un montón, pero fue tanto que me pasó la cuenta. Después llegó el tiempo más estilizado, de la época de Joanne, y yo empecé a usar un sombrero negro, ¿te acordái?



¡Sí, me acuerdo!


Ya poh, y después vino la pandemia, tuve experiencias bastante… brígidas. Me corté el pelo, casi rapado al cero, fue una etapa bien delicada. Con el tiempo también me he dado cuenta de mi no-binarismo de género y lo estoy explotando más a fondo. Es como que siempre estuvo ahí, pero nunca hubo un nombre, una expresión… Y actualmente lo estoy haciendo. Con el maquillaje, con accesorios que en realidad me gustan a mí y me permiten jugar con el binarismo de género. Y la presencia de Gaga siempre está, porque no es como “ah, no, ya no me gusta y ahora voy a cambiar”. Hasta en lo más mínimo de mis cosas, ahí está. Y una de mis cúspides más grandes sería trabajar con Lady Gaga y ese sería uno de los hitos más importantes de mi vida. Obvio que hay otros artistas que me gustan, pero Gaga es algo que permanece.



Oye, y en la misma línea de procesos formativos, ¿cómo ves tu proceso en el fansclub? ¿sientes que te sirvió para formarte como artista?


Totalmente, sí. De hecho, por ejemplo, yo empecé haciendo cosas porque me gustaban y ahora soy el director de arte del fansclub. Y a pesar de que es difícil, trato siempre de hacer las cosas bien. Para mí el fansclub ha sido una experiencia super importante porque compartí mis gustos y eso lo pude convertir en algo tangible, que se puede tocar. Entonces, si a otros les gusta y si me pagan por eso… bacán poh. Y los del fansclub fueron los primeros en apoyarme. Tú y yo éramos los conchitos… ahora somos unas viejas… [risas]. El apoyo que se formó fue super importante y yo no me puedo desligar de ustedes. Aunque me enoje, aunque lo quiera, porque son personas que quedan.



Claro, porque además entramos chicas. Entonces una va definiendo su identidad con el fansclub, ¿no?


poh y marca de por vida. Yo siempre digo que antes de entrar a la universidad, son tres las cosas que me marcaron: mi familia, juntarme con mi amigo Alfonso que me llevó al carrete y el fansclub, porque huebeamos, hemos vivido historias, hemos llorado, reído, comido, carreteamos… Cuando escuchábamos ARTPOP, cuando la Aradia Gaga nos enseñó los pasos de Scheisse… Esas cosas te marcan. Y te dicen: “¿por qué tanto fanatismo si es una humana?”, y sí, es una humana, pero ha creado una comunidad gigante y esas cosas son las que marcan.



Te quería preguntar una cosa, sobre todo cuando hablaste de ciertos íconos LGBTIQ+. Pienso en Lady Gaga, Javiera Mena, Katiuska Molotov y creo que hay algo en común en esas figuras: no son los íconos LGBTIQ+ higienizados y protagonistas de la historia. Entonces, ¿sientes que el trabajo que haces es parte de una postura política que va hacia los márgenes?


Mira, ahora que lo planteas le encuentro sentido. Porque, así como esas figuras no son protagonistas, yo tampoco he sido protagonista de algo. Ponte tú, mucho tiempo me sentí el personaje secundario de mi historia, porque a todo el mundo le pasaban cosas bacanes: salían, pololeaban, viajaban. Y yo siempre estaba acá en la casa. Siempre le eché la culpa a mi cuerpo por ser gordito o muy afeminado y siempre me sentí en segundo lugar. Tu cachái cuando hay algo malo contigo poh. Entonces yo creo que parte por eso, porque yo nunca me sentí el personaje principal y porque también busco que mi trabajo hable por mí. Entonces, por ejemplo, estas artistas que me han dado la mano (Javiera Mena, Sol Gaga, Botota Fox) fueron importantes para mí por lo mismo. Muchas veces, por problemas de autoestima, uno no se cree la gran cosa y agradezco que estas personas vieran en mí lo que muchos no vieron.

Además, después de que me abrí al mundo, aparecieron dos artistas muy importantes para mí: Pedro Lemebel e Hija de Perra. El primero me enseñó que no importa que una sea fuertona porque es gracias a las mariconas fuertes que los gays tienen derechos. Se ve en EE.UU con Stonewall y se ve en Chile con las travestis, las locas, las marchas disidentes… Mi parte política va por esa línea. Creo que mientras un gobierno no pueda garantizar una vida sin violencia y salud digna para una persona trans, no hay celebración. De hecho, hace poco subí una ilustración que decía “A tu lucha le falta VIH positivo”. Y un amigo me dijo: “Salva, ¿no encontrái que es muy hombre y no es tan disidente?”



¿Por qué?


Porque era un gallo con pectorales, barba, moreno, pelo claro… Y yo le dije “pero es que ahí hay que atacar, porque hay un estigma ahí poh”. Y ahí parte, porque la mayoría de las cosas que hago son un acto político. Por ejemplo, dibujar a la Katiuska Molotov, un ícono del body positive o del body neutral. Y a mí me gusta dibujar cuerpos más grandes, hombres guatones, con estrías, morenos, con narices grandes…



¿Y eso tiene que ver con sentirte en segundo lugar precisamente por características físicas? ¿Crees que te apropiaste de los discursos de los personajes que creas y que tu proceso de autoaceptación tiene que ver con lo que representas en tu arte?


Sí, todo el rato. Porque a la larga me aburrí. Creo que esa es la frase. No sé poh, antes de que yo dibujara a la Katiuska… no habían ilustraciones de ella con el detalle que yo trabajé. Y rescaté ciertos íconos que en su momento fueron bien criticados y, por lo mismo, en muchas ilustraciones me retrato a mí mismo. Me dio una crisis y me dibujé harto. Ahora me han salido hartos trabajos y aún así sigo manifestando mi apropiación de diferentes tipos de cuerpo y, por fin, me siento el personaje principal de mi propia historia. Ahora me preocupo por mí, antes no. Siempre sentía que otras personas eran más importantes que yo. Y después me di cuenta de que los bajones de autoestima no son “yo”, soy más que eso. Entonces muchas de las cosas que dibujo y seguiré dibujando buscan perfilarme como un protagonista. El arte que yo hago es mi expresión mediante colores. Y más allá de todo, quiero mostrar a la cola afeminada, a la loca, a la trans… con un poquito de polémica.

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